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Foto Revista Semana
Hoy hay más personas con hambre que en 2007, ¿cómo hacer para que esto no siga pasando?
El informe revelado por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) no puede ser más preocupante: hoy hay más gente con hambre que en 2007.
“La cifra de personas subalimentadas aumentó considerablemente durante los últimos 10 meses en 75 millones. Hoy se estima que existen más de 970 millones de personas en el mundo subalimentadas”, declaró Jacques Diuf, director de la Fao, durante la presentación del informe.
La FAO identifica como causa del aumento de las cifras, a la dificultad para conseguir alimentos por cuenta de la escalada del precio de la comida, generado, a su vez, por el costo elevado de los combustibles y por la demanda creciente de alimentos, petróleo y materias primas por parte de China e India. Además de las malas cosechas por culpa del clima.
Según el informe, los precios de los alimentos en los últimos tres años han presentado un crecimiento sostenido, que no estaba presupuestado por ningún experto. En el 2006 se presentó un alza del 12 por ciento, en el 2007 el aumento fue cercano al 24 y, en los primeros meses del 2008 se han alcanzado niveles que se estiman en cerca del 50%.
De seguir esta tendencia las posibilidades de alcanzar las metas fijadas en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 se hacen cada vez más lejanas. Durante el evento la FAO se trazó la meta de reducir la pobreza a la mitad; sin embargo, después de poco más de diez años, el panorama es más que desolador si se tiene en cuenta que las cifras en vez de disminuir se han incrementado significativamente.
El hecho, además de ser catalogado como una crisis humanitaria, constituye una amenaza que puede desestabilizar los gobiernos de los países más pobres.
El mundo ante la hambruna
Es increíble que en el siglo XXI, con toda la tecnología a la mano, todavía haya gente muriéndose de hambre. Por ello urge encontrar soluciones en las que las potencias económicas juegan un papel relevante y es necesario que los discursos se traduzcan en acciones. “El mensaje que recibí de los africanos es que están cansados de conversaciones, que quieren ver acción. Existen unos 800 millones de personas alrededor del mundo que hoy sufren de desnutrición. En Haití he visto gente tratando de evitar los retorcijones del hambre comiendo pasteles de barro, aceite y un poco de sal para llenar sus estómagos”, dijo Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, durante la presentación del informe.
Dentro de las iniciativas expuestas por Zoellick están el envió de semillas y fertilizantes a los países pobres; el levantamiento de los obstáculos que impiden el ingreso de alimentos hacia las naciones menos favorecidas; y el envió de una cifra cercana a los 30 mil millones de dólares a los países más golpeados por la crisis, que tendrán como fin garantizar la seguridad alimentaria y les dará a los gobiernos la posibilidad de reactivar sistemas agrícolas que han sido descuidados durante mucho tiempo.
Por su parte, la FAO ha creado una serie de estrategias que tienen como meta reducir el número de personas hambrientas a 500 millones para el año 2015. Dentro de estas se ha establecido trabajar en dos frentes: uno en el que la población más vulnerable pueda tener acceso a los alimentos, y otro con el cual los pequeños productores puedan incrementar su producción.
Colombia frente a la crisis
En Colombia, a pesar de que la situación promedio no se parece a la de otras regiones del mundo menos favorecidas, el panorama no deja de ser preocupante. En los últimos años se ha visto cómo productos de la canasta familiar han subido de precio en grandes porcentajes. “En solo dos años productos como la harina de trigo y la papa han incrementado sus precios en casi el 300%”, anunció Gustavo Adolfo Toro, presidente de Acodres, asociación que agremia a los dueños de restaurantes de Colombia.
Si hoy los colombianos se sienten golpeados porque tienen que invertir una mayor proporción de su salario en el mercado, ¿qué pasa con los habitantes de esos municipios alejados de las grandes urbes donde ya se han detectado niveles bajos de nutrición?
Por ello hay que tomar acciones. Los empresarios, los líderes mundiales y cualquier colombiano comprometido pueden contribuir para frenar el hambre, en su país, en su ciudad o en el mundo. Quizás el precio de los alimentos siga en aumento y no se pueda frenar. Pero hay que ver más allá y, como dijo Zoellick, dejar de hablar y hacer algo.
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